miércoles, 10 de septiembre de 2008

¿Que hace el ejercito español al lado de los terroristas americanos?

Video de Times sobre masacre en Afganistan
Casi un centenar de niños y mujeres asesinados con alevosía e impunidad en Afganistán. Proyectos de vida como los de nuestros hijos truncados...

¿Alguien es capaz de imaginar que eso mismo hubiera sucedido en nuestro país?, ¿alguien se imagina a nuestros medios de comunicación contando la vida de cada uno de estos asesinados niños y mayores destrozados mientras celebraban una fiesta?. ¿Como es posible que mantengamos a los soldados españoles acompañando a estos siniestros terroristas del ejercito americano, cuyo auténtico cometido es cuidar que los oleoductos que les surten de gasolina pasen por esas tierras sin problemas?.
¿Como es posible tanto énfasis en el dolor propio y tanta frialdad en el inmenso dolor ajeno?.
Nadie juzgará a los asesinos, ni a los responsables políticos de estos actos, incluso no son calificados de terrorismo sino de simples errores, ¿cuanto cotiza la vida de un niño Afgano en USA o Europa?, ¿100 ó 1.000 veces menos que la de un niño americano o europeo?, ¿que hace el ejercito español en esa "foto de las Azores" con el ejercito americano?.
Hace unos días, aquí en Cijuela, Samuel bajo las siglas del PSOE me llamaba terrorista y descerebrado por mantener yo años atrás, después de hechos similares,que la injusticia y la impunidad de estas y otras masacres son el caldo de cultivo de la desesperación.
¿Quien es el descerebrado, el que trata de avisar sobre las consecuencias de la ausencia de justicia o quien opta por la indiferencia y el silencio?, ¿Quien es ambiguo con el terrorismo, quien lo condena y pide justicia aquí y allí, o quien solo lo condena si le atañe a él y pasa de largo cuando lo padecen los otros?.

martes, 9 de septiembre de 2008

España, caldo de cultivo ideal para la madre de todas las crisis

Cuando quedan pocas fechas para la apertura de los colegios, los padres ya saben que este año el gasto va a repercutir de manera notable en sus bolsillos. Como el desembolso medio oscila entre los 200 y 600 euros, unos andan escudriñando los precios y otros- a semejanza de los años 50 del siglo pasado- tratan de aprovechar el material escolar de cursos anteriores...


La crisis que golpea a esos atribulados padres, aumenta de intensidad a pesar de que se inició hace más de un año en Estados Unidos (EEUU). Su efecto llegó a Europa, y España-,como no surja un milagro- está destinada a ser de los países que más la va a padecer, debido a su vulnerabilidad, pues carece de tecnología propia y basa su crecimiento en el turismo, la construcción y, en menor medida, la agricultura. Hoy día, lo único que “crece” aquí es el desempleo, los alimentos, las empresas que cierran, las amas de casa rebuscando comida caducada en los contenedores de basura de los supermercados y los salarios de miseria. La gente, endeudada, no llega a fin de mes y el poder adquisitivo se reduce día tras día.
Aunque, por cuestiones electoralistas, el portavoz del PP, Cristóbal Montoro, conmine al Gobierno a no emplear dinero público para salvar empresas en ruinas, el problema consiste en saber de dónde van a salir los euros que necesitan urgentemente los oligarcas, ya que la crisis ha afectado gravemente las arcas públicas. El superávit de las cuentas del Estado en los cinco primeros meses del año se ha reducido un 80% respecto al mismo periodo del año anterior, y aunque el IRPF subió, el IVA descendió porque hay menos consumo. El rotativo económico británico, “The Economist” certifica que España no tiene capacidad para resolver la situación. La deuda externa española es casi el doble del PIB, dos billones de euros. ¿Cómo va a solucionar el Gobierno, el desastre provocado por la “maravillosa” política económica de libre mercado?Nos dicen que la banca española goza de buena salud. Directivos del Banco de España aseguran que ninguna entidad financiera hispana solicitó ayuda al Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo el presidente del Northern Rock, afirmó a “The Economist” que tres bancos españoles con problemas similares al suyo, acudieron al BCE. Hasta EEUU, máximo valedor de la economía neoliberal ha intervenido bancos y ha nacionalizado dos enormes entidades hipotecarias (a este paso, el neoliberalismo va a resultar ser la “vía capitalista al socialismo”). Pero mientras Washington puede seguir, por ahora, fotocopiando dólares, Madrid no tiene potestad ni para devaluar la moneda, pues es competencia del BCE. En fin. Cosas derivadas de aceptar mermas en la soberanía que sólo es inviolable cuando andan por medio el País Vasco o Cataluña.En España los bancos han prestado dinero tan alegremente como en EEUU; por tanto tienen un grave problema. Abro un breve paréntesis para explicar qué significa el “coeficiente de caja” (dato que me tomé la licencia de extraer de un foro de economía), pues, a lo peor, tendremos que acordarnos de él. Cuando depositamos 100 euros en una entidad financiera, ésta se ve obligada a mantener 2 euros como reserva de garantía y los 98 restantes, los invierte en préstamos e inversiones (imaginen el coeficiente de caja de miles de millones de euros). Existen sospechas de que algunos han echado mano incluso de esa reserva garante, para sus negocios lo que significaría, de ser cierto, que no tienen un céntimo. ¿Y dónde está la plata?: En préstamos hipotecarios imposibles de pagar, y en ladrillos bostezando al sol.
Hay quien se pregunta cómo es posible este espasmo, con las cuentas que publican los bancos en este país, sin considerar que esos datos se maquillan incluyendo pagarés (papeles mojados firmados por empresarios arruinados) y ventas de inmuebles realizadas para recuperar dinero. Hasta los propios capitalistas reconocen sus problemas: El todopoderoso Banco Santander tendrá que hacer frente a un vencimiento de deuda por valor de 32.000 millones de euros este mismo año, su deuda total, según Bloomberg, asciende a 160.000 millones, y se calcula que el conjunto de bancos hispanos necesitan cuatro billones de euros para cuadrar sus cuentas. Desde luego si el BCE exigiera transparencia, sacaríamos nuestro dinero inmediatamente... si queda algo. Parece que el corralito regresa a su casa aunque no estemos en Navidad. Va a resultar complicado reenviarlo nuevamente lejos de aquí.
El crack se aproxima y España, como hemos visto, está en pelotas. Si el Estado entra en bancarrota, su arma será la represión. El régimen intentará acabar con todo atisbo de disidencia echando mano de la varita mágica del terrorismo, de ahí la importancia de organizarse. Evidentemente no sería igual de conflictivo un corralito en un pueblo, que en Madrid, Barcelona o el País Vasco donde existen organizaciones sociales y políticas-, de mayor o menor envergadura- activas desde hace años que verían engrosar sus filas con ciudadanos que nada tendrían que perder. Organizarse es resistir y la contradicción capitalista de socializar los medios de producción sigue presente, pese a que la tecnología moderna utilice menos mano de obra, porque sigue dependiendo de ésta. Esa es un arma temible en manos de los obreros, sean muchos trabajando en la mina, o uno solo trabajando en la informática.
La crisis de los años 70 del pasado siglo, fue superada gracias al intercambio desigual con el Tercer Mundo que contribuyó al desarrollo (sin obtener nada a cambio), de los países industrializados. El expolio, provocó la desaparición de la escasa clase media de América Latina y arrasó África. Ahora las circunstancias son diferentes. El ejército de reserva (desempleados y excluidos de la sociedad) es de tal magnitud que ya no es reserva de nada, porque el sistema económico es incapaz de absorberlo. Estamos, muy probablemente, ante la Madre de todas las crisis. Tardará algún tiempo en desarrollar sus peores efectos, pero huele a colapso del viejo orden que debería dar paso a la nueva sociedad. Quizás los capitalistas antes de ceder, decidan suicidarse “atómicamente” con lo cual, desapareceríamos todos. Ante esa eventualidad, es imperativo enfrentarlos para evitar que los roedores queden como únicos habitantes del planeta. J.M. Alvarez www.rebelion.org

lunes, 8 de septiembre de 2008

Samuel en un ataque de nervios...pero sin dar la cara.

Crea un blog falso, con las siglas y el nombre de IU. .
El blog falsificado de Samuel lo pueden ustedes ver en www.iucijuela.blogspot.com
Aquí, por contra, ustedes pueden ver aquí en este blog de Izquierda Unida, con la firma de Hilario Sánchez. Se puede estar en desacuerdo con su contenido, pueden hacer otro blog en dirección contraria y/o comentar, hacer rechifla y criticar este espacio y a su autor, lo que no es correcto y deja bien claro qué clase de persona es su realizador –con medios públicos y sueldo público- es crear un espacio anónimo, suplantar el nombre de otro para escribir desde el anonimato estupideces que bien se pueden decir sin ocultarse, aunque todos sabríamos entonces quien las firma, que cerebro tiene y qué conducta tiene.
Le quiero señalar a este autoempleado falsificador "anónimo", que internet permite esto en todos los sentidos y direcciones, que nadie está libre de tomar la medicina que está administrando a otros. Es mucho más viejo que internet, pero es muy actual: "no quieras para los demás lo que no quieras para tí".
Lamentable Samuel, lamentable sigue así.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Terrorismo en estado impune

La ventana a través de la cual Salam Amira, de 16 años, filmó el momento en que un soldado israelí disparaba casi a bocajarro contra un detenido palestino, que se encontraba esposado y con los ojos vendados, tiene un gran agujero en el centro con multitud de hendiduras en los muros allá por donde se mire.
“Desde que se difundió mi video, los soldados no paran de disparar contra nuestra casa”, dijo la muchacha. Las destrozadas y agrietadas ventanas de la parte central del edificio confirman su historia. “Cuando dejamos abiertas las ventanas, también disparan gases lacrimógenos hacia el interior de la casa”.

Su hogar da justo sobre el control de carretera establecido por Israel para vigilar la única entrada al pueblo de Nilin, situado en el interior de Cisjordania, justo a medio camino entre Jerusalén y Tel Aviv. Fue allí donde el pasado mes de julio se le disparó una bala de goma en una pierna a un palestino esposado y con los ojos vendados, Ashraf Abu Rahma, de 27 años, en cumplimiento de la orden dada por un comandante de un regimiento israelí.

El trato dispensado a la familia ofrece un agudo contraste con la indulgencia mostrada hacia el soldado y el comandante implicados en ese incidente.

B’Tselem, un grupo israelí por los derechos humanos, ha acusado al ejército israelí de intentar “vengarse” del papel desempeñado por la muchacha al mostrar cómo actúan sus fuerzas armadas en Cisjordania.

Puede que así esperen también disuadir a otras familias de airear pruebas similares sobre la brutalidad del ejército, especialmente desde que B’Tselem empezó a distribuir docenas de vídeo-cámaras entre los palestinos de Cisjordania.

Las escenas captadas en unas filmaciones de colonos encapuchados atacando a unos granjeros palestinos cerca de Hebrón conmocionaron a mucha gente a principios de verano.

El pueblo de Nilin se ha convertido en el centro de las acciones del ejército israelí desde el mes de mayo, cuando sus 4.700 habitantes decidieron dar comienzo a una campaña de manifestaciones pacíficas a fin de parar la construcción del muro de separación que Israel construye a través de sus tierras.

Una vez que el muro esté terminado, al pueblo se le habrá arrebatado el 40% de la tierra agrícola que le quedaba, que pasará a propiedad de la media docena de grandes sentamientos judíos que rodean Nilin. Ante el derecho internacional, todos esos asentamientos son ilegales.

Varias veces a la semana, los habitantes del pueblo, a los que se une un pequeño grupo de simpatizantes israelíes y de varias nacionalidades, se congregan en los olivares donde los bulldozer se dedican a destrozar la tierra arrancando los árboles y los cultivos para dejar sitio al muro.

La gente de Nilin ha ensayado diversas formas de protesta no violenta, como ponerse a rezar en medio del camino de la maquinaria pesada, utilizar espejos para que la luz del sol se refleje en los trabajadores de la construcción, hacer sonar cacerolas y sartenes y colocar durante la noche piedras en el camino de los bulldozer.

El ejército ha respondido con gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento y en ocasiones con balas de acero cubiertas de caucho y munición real. El pasado mes se informó que Israel estaba también experimentando con un nuevo método para dispersar muchedumbres que implica disparar líquidos pestilentes contra los manifestantes.

En las últimas semanas, el ejército ocupante disparó contra dos muchachos, de los que uno de ellos, Ahmed Moussa, tenía diez años. El ejército afirmó que les estaba tirando piedras. La autopsia mostró que había sido alcanzado en la cabeza por una bala procedente de un rifle M-16.

Esta semana, un soldado disparó a corta distancia tres balas de caucho contra Awad Surur, un minúsvalido psíquico, cuando intentó impedir que su hermano fuera arrestado. Dos balas penetraron en su cráneo, según B’Tselem, que denunció que el ejército se muestra cada vez más temerario y de gatillo fácil.

La familia de Salam, como muchos otros habitantes del pueblo, aguanta las heridas que recibe por asistir a las protestas. Casi todos los cinco hermanos han resultado alcanzados por balas de caucho, al igual que su padre, Yamal Amira, de 53 años. El ejército ha acordonado el pueblo en varias ocasiones y, según relatan sus habitantes, ha golpeado y aterrorizado a sus habitantes.

El Sr. Amira está entre los al menos 100 campesinos cuyos medios de vida se verán aniquilados por el muro. Perderá todas las 14 hectáreas de tierra que posee, los campos de los que han vivido todos sus antecesores cultivando olivos, pepinos, berenjenas y tomates.

Pero los cinco minutos que Salam filmó sobre el incidente acaecido en el bloqueo de carretera durante un toque de queda de cinco días impuesto contra la aldea, sólo ha servido para agravar aún más los problemas de la familia.

Tres días después de que se difundiera el vídeo, el ejército arrestó a su padre durante una protesta pacífica. Fue el único detenido tras afirmar el ejército que los manifestantes habían entrado en una zona militar prohibida. El Sr. Amira fue asimismo acusado de atacar a un soldado.

Durante tres semanas y media se le tuvo detenido antes de que un juez del ejército israelí rechazara la petición de éste para que siguiera en prisión preventiva durante tres meses más hasta el día fijado para el juicio.

En medio de una reprimenda casi sin precedentes en un proceso judicial, el juez cuestionó los argumentos del ejército, diciendo que no encontraba prueba alguna de que ese ataque se hubiera producido. También preguntó por qué el padre de Salam fue el único detenido de entre todos los participantes en la protesta.

El abogado del Sr. Amira, Gabi Laski, dijo que la decisión judicial confirmaba “nuestra anterior afirmación de que el arresto fue un acto de venganza y castigo por el vídeo filmado por su hija”.

Sin embargo, el Sr. Amira todavía tiene que hacer frente a un juicio militar. Un informe del pasado año de Yesh Din, un grupo de derechos humanos, halló que en sólo en el 0,25% de los casos abordados por tribunales militares se declaraba inocente al acusado. Incluso aunque sea absuelto, el Sr. Amira tendrá que pagar unos costes legales que alcanzan la suma de casi 10.000 dólares USA (36.700 dirhams), una suma que la familia dice no poder pagar.

En contraste, los dos soldados responsables de los disparos al detenido en el bloqueo de carretera han sido reprendidos con la acusación menor de “conducta inapropiada”. Ni siquiera se les va a someter a juicio criminal. B’Tselem ha tachado de “vergonzosa” la decisión.

Bajo la ley israelí, según el grupo legal de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, el castigo por abusos graves a un detenido es de siete años de cárcel. Los abogados de ACRI han presentado una petición alegando que la indulgente acusación “transmite a los oficiales y al resto de soldados un mensaje extremadamente grave de desprecio hacia la vida humana”.

El teniente coronel Omri Borberg, el comandante que dio la orden de disparar a Abu Rahma, renunció a su puesto pero fue de inmediato trasladado subrepticiamente a un puesto superior en otra unidad. En una muestra de apoyo, Gabi Ashkenazi, el jefe del ejército, dijo el que el teniente coronel Borberg podía ser restituido a un puesto de mando.

Mientras tanto, los vecinos del pueblo dijeron que la conducta del ejército no iba a disuadirles de sus protestas ni iba a hacer que renunciaran a su compromiso con la no violencia.

Salah Hawaja, uno de los organizadores de las protestas, dijo: “Cuando dimos comienzo a nuestras manifestaciones, solían aparecer unos cincuenta soldados. Ahora hay cientos de ellos estacionados permanentemente alrededor de nosotros. Israel nos está tratando como si esto fuera una zona importante de guerra, aunque lo único que utilizamos son métodos pacíficos”.

“La gente de Nilin tiene asumido que la mejor estrategia para parar los planes de Israel de robar nuestra tierra y dejarnos encerrados en un gueto es la no violencia”, dijo el Sr. Hawaja.

“Necesitamos mostrar al mundo quién es el ocupante y quién el ocupado. Israel interpreta esto como una amenaza, por eso es por lo que pone en marcha tanta fuerza contra nosotros”.

Hay abierta una cuenta para ayudar a la familia de Amira. Pueden enviarse las donaciones a: Amira Legal Defense Fund, PO Box 1335, Kafar Saba, Israel 44113, extendidas a “Matte Hacoalitsia”. O bien, hacer la donación a través de PayPal: http://tinyurl.com/6fekjc

Jonathan Cook es un escritor y periodista que vive en Nazaret, Israel. Sus últimos libros son: “Israel and the Clash of Civilizations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East” (Pluto Press) y “Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair” (Zed Books). Su página web es: www.jkcook.net

Enlace con texto original:

http://www.counterpunch.org/cook09022008.htmlJonathan Cook
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

viernes, 5 de septiembre de 2008

Consumo y compasion


El 8 de agosto del 2007 siete pescadores tunecinos rescataron a 44 náufragos en las aguas del Mediterráneo y los condujeron a la isla de Lampedusa, en Italia, a unas pocas millas de donde se encontraban.
Allí los salvadores recibieron el trato que merecían: fueron encarcelados e incomunicados durante 32 días y ahora aguardan el resultado de un proceso judicial que puede acarrearles penas de hasta 15 años de cárcel por “favorecimiento de la inmigración clandestina”. Las leyes del mar y de la humanidad obligan a socorrer al prójimo; las leyes de la UE prohíben y castigan la compasión...

La verdad es que tampoco hace falta prohibirla. A finales del pasado mes de julio una imagen terrible dio la vuelta al mundo. Era la fotografía de dos bañistas italianos, semidesnudos sobre la arena de una playa napolitana, que comían y bebían plácidamente a pocos metros de los cadáveres de dos adolescentes gitanas que habían muerto ahogadas a la vista de todos sin que nadie las socorriera. Así son las cosas: a los compasivos se les manda a la cárcel, a los indiferentes se les recompensa con comida, bebida y toda clase de mercancías baratas.

Porque no son la ignorancia o el miedo lo que nos impide reaccionar frente al dolor del prójimo; es que el dolor del prójimo, de un modo u otro, nos produce placer. También en Italia, también a finales de julio, cientos de visitantes hacían cola en un parque de atracciones de Milán para obtener, a cambio de un solo euro, el goce barato de una experiencia extrema: un simulacro de ejecución en el que un maniquí muy realista se retorcía y humeaba encadenado a una silla eléctrica. Madres y padres compartían alborozados el espectáculo con sus hijos y el dueño de la máquina exultaba de alegría viendo aumentar minuto a minuto sus ganancias. Se dirá que se trataba de una simulación inocente y que en realidad nadie moría achicharrado; pero lo cierto es que lo que el espectador sentía no era el alivio de que no hubiera realmente un hombre sentado a la silla sino el placer de que lo pareciera. Y por lo tanto el deseo inconsciente de que lo fuera o al menos la desilusión de que no lo fuera.

En Iraq, los torturadores estadounidenses en la prisión de Abu-Ghraib se hacían fotografiar ingenuamente junto a sus víctimas iraquíes imitando precisamente a los visitantes de Disneylandia (o de las Pirámides). Sabrina Hartmann, la angelical sargento asesina, no hacía nada muy distinto de las madres y niños de Milán. Su pureza aterradora, frívolamente turística, no expresa la maldad humana ni los horrores intemporales de la guerra; desnuda más bien el infantilismo cruel de una sociedad llamada de “consumo” en la que uno no puede comer chocolatinas en Madrid sin reproducir la esclavitud de los 284.000 niños esclavos que recogen cacao en Africa Occidental y en la que, al mismo tiempo, la imagen de una ejecución o una escena de tortura producen el mismo placer que una chocolatina. No hay ninguna diferencia, o muy poca, entre los torturadores de Iraq y los visitantes del parque de atracciones de Milán; y que las cámaras de suplicio y los parques temáticos son triviales experiencias de consumo capitalista, inscritas en un horizonte común, lo demuestra el hecho de que los ocupantes que han destruido Iraq van a levantar ahora sobre sus ruinas, en el centro de Bagdad, una filial de Disneylandia para que los hijos de los torturados y desaparecidos consuman o vean consumir diversión manufacturada estadounidense.
Si uno se fija bien, la indiferencia de los bañistas italianos, con sus sándwiches en la mano, es muy semejante a la de los que mueren en el Tercer Mundo de inanición, sin nada que llevarse a la boca, desinteresados ya de todo lo que no sea su pura supervivencia biológica. La hambruna extrema y la extrema abundancia producen los mismos síntomas: la necesidad del canibalismo y el desprecio por todos los lazos humanos. Para eliminar la compasión no hacen falta leyes ni cárceles; tras el fin de la segunda guerra mundial, Europa y EEUU se dedicaron –paradoja capitalista- a alimentar el hambre de sus ciudadanos, convirtiendo todos los objetos en mercancías; es decir, en cosas de comer que excitan, y no calman, el apetito. Ningún etíope, ningún haitiano, ha tenido nunca tanta hambre como un consumidor medio occidental: nos comemos no sólo el pan y la carne sino también los carros, las lavadoras, los teléfonos celulares, los cuerpos, los monumentos, los paisajes, las imágenes, a una velocidad que deja fuera todos los placeres que no tengan que ver con la destrucción inmediata (que es lo que etimológicamente quiere decir la palabra “consumo”). Este modelo es ya universal y modela las cabezas de todos, incluso –o sobre todo- de los que no pueden acceder al mercado. Para comerse un mango o un bistec hay que destruirlos; para amar un cuerpo, un niño, un cuadro, un libro, un árbol, hay que conservarlos.
En España hay más teléfonos celulares que habitantes y los españoles cambian de modelo cada seis meses; cada seis meses mueren 200.000 congoleños extrayendo el coltán necesario para fabricarlos. Pero una madre tarda nueve meses en gestar un niño; un enamorado tarda años en explorar el cuerpo de la amada; un poeta tarda décadas en gestar una metáfora; un pueblo tarda siglos en construir una historia; y un dios cualquiera tarda milenios en construir un mundo. Destruir un mango con los dientes es muy agradable, sobre todo cuando se hace en compañía; pero destruir en solitario –con los ojos y con la billetera- la ropa, los electrodomésticos, las casas –cada vez más deprisa, cada vez más deprisa- no produce placer: produce sólo hambre. Y el hambre es incompatible con la civilización
Los soldados de Abu-Ghraib se formaron no en el ejército sino en Disneylandia; los bañistas de Nápoles y los visitantes del parque de Milán se formaron no en la guerra sino en la televisión y en el centro comercial. Por eso todo esta gente tan normal es tan peligrosa.
Santiago Alba Rico
La Calle del Medio (Cuba)
www.rebelion.org

martes, 2 de septiembre de 2008

Eufemismos para ocultar la verdad en Cijuela y en Noruega

El PSOE de Cijuela en un panfleto desinformativo que han repartido, pagado por el pueblo, fotocopiando y amañando una nota de prensa de diario de La Opinión manifiesta que "el Presupuesto 2008 no alcanza cifras desorbitadas..". Lo que en realidad debe decir es que el presupuesto de 2008 baja con respecto al de 2007 en más de 300.000 euros.
Para sus eufemismos va este corte de "vaya semanita":

Cijuela dentro de la burbuja

En los últimos años, el presupuesto de nuestro Ayuntamiento de Cijuela, el aumento de su plantilla (a pesar de privatización del agua) y el autoempleo de todos los concejales del PSOE que gobierna, son el resultado de unos años de vacas gordas en las que los ingresos han estado montados sobre la base de las plusvalías de la construcción y la enajenación de suelo público...

Este año ya tenemos la primera muestra de que el PSOE de forma irresponsable ha colocado a Cijuela dentro de esta burbuja especuladora, el presupuesto baja en 300.000 euros, nos endedamos en 600.000 euros y no queda nada para enajenar.
Sumando el proyecto R-4 (la recalificación-pelotazo),en Cijuela hay en este años 2008 entre 700 y 800 viviendas en oferta.
Más grave aún, en los últimos 17 años de gobierno PSOE no se ha hecho ni una sola vivienda de protección oficial.


Se acabó la fiesta. Por Michael R. Krätke Freitag


Durante años, la especulación inmobiliaria fue el deporte popular de millones de españoles; ahora, un millón de viviendas están vacías. El volumen de la deuda empresarial española representa el 106% del PIB (en Alemania, sólo el 58%). El 96% de los créditos hipotecarios españoles están contratados a interés variable (en EEUU, sólo el 12%).
Cuatro países de la eurozona se hallan sin disputa aguas abajo, económicamente hablando: Italia, Francia, Irlanda y España. En Gran Bretaña y Dinamarca se palpa ya también la crisis; Bélgica y Holanda están estancadas. La máquina exportadora alemana depende, para su salida, de esos y otros vecinos europeos en casi un 70%.
No son sólo síntomas, son los indicios clásicos de una recesión que, en el caso español, se traduce desde comienzos de año en cifras. La tasa de crecimiento cayó desde un promedio del 3,9% antes de fin de año al 0,8% en el primer trimestre de 2008 y al 0,1% en el segundo. El desencadenante principal ha sido el fin de un boom inmobiliario aparentemente sin fin.
Desde diciembre vienen cayendo las acciones de las empresas inmobiliarias y constructoras; algunas jornadas, la bolsa de Madrid ha perdido más del 4%. En julio, el número uno del sector inmobiliario, la constructora Martinsa-Fadesa, anunció insolvencia. Tras pérdidas de más del 15%, la cotización de sus acciones fue suspendida. Más de 170.000 viviendas y cerca de 29 millones de metros cuadrados de terreno edificable –que llegaron a valer diez mil millones de euros— pertenecen a la empresa.


Cuando estalló la burbuja y se esfumaron miles de millones, el mundo bancario español dejó caer a esta empresa, endeudada por 5,2 mil millones de euros, con resuelta impavidez. Todo un indicio, según habría de verse a no tardar: poco después, las acciones de las grandes empresas constructoras Ferrovial y Sacyr Vallehermosa quedaban tocadas, y enseguida vinieron las pérdidas de todos los principales bancos acreedores de Martinsa-Fadesa.
España ha vivido diez años de boom, siendo el motor de sus tasas de crecimiento anual, superiores al 3% en promedio, el sector inmobiliario y de la construcción. Se construía vivienda a un ritmo enloquecido: más de 5 millones sólo desde 2003, algo más que todo lo construido en ese tiempo en Alemania, Francia y Gran Bretaña tomadas de consuno. El producto de ese sector creció, entre 1996 y 2006, un 190%. Lo que ingresaba en el mercado inmobiliario, tenía salida fácil. El grueso de los españoles no quiere vivir de alquiler y prefiere la propiedad de casas, apartamentos y segundas residencias veraniegas. Extranjeros adinerados de los países de la UE pusieron de su parte invirtiendo en segundas residencias o en vivienda para la jubilación, proporcionando a su vez a la construcción en España un fuerte impulso.
Lo mismo que en los EEUU y en Gran Bretaña, tampoco para los empresarios y gestores inmobiliarios en España parecía haber freno alguno, tanto más cuanto que los intereses nominales cayeron a un nivel inauditamente bajo. De modo que los españoles compraron inmuebles como posesos, y como posesos se endeudaron. Bancos y cajas de ahorros otorgaron regularmente créditos hipotecarios a la gente, la mayoría de los cuales, empero, no conforme a los precios de mercado del momento, sino fundados en estimaciones de todo punto sobrevaloradas realizadas por peritos (es decir, por agentes de la propiedad inmobiliaria). Muchos españoles se hicieron con casas y apartamentos a crédito, para, poco después, venderlos con beneficio. La especulación inmobiliaria se convirtió en un deporte popular, estimulando, de pasada, una fiebre consumista. En el sector inmobiliario se podía hacer una fortuna: todos esperaban precios cada vez más altos.

La otra cara de la medalla de la euforia: las empresas inmobiliarias llegaron a acumular, en sus negocios especulativos con edificios viejos y nuevos, unos 300 mil millones de euros de deuda. También las empresas ajenas al sector querían participar, y se libraron a la compra de inmuebles. Por consecuencia de lo cual, las deudas de las empresas españolas se dispararon hasta alcanzar la cifra de un 106% del PIB (en Alemania, ese valor es del 58%). En total, en los años del boom, un buen billón de euros fluyó en forma de créditos a los inversores, a los compradores de vivienda y a los empresarios de la construcción.
Desde comienzos de 2008, la Fiesta terminó para siempre. La crisis financiera internacional, la política de intereses altos del Banco Central Europeo (BCE) y el celo ahorrador, inducido por la crisis, de los bancos españoles gravitan pesadamente sobre los hipotecados. Nada menos que el 96% de la deuda por ellos contraída lo fue a interés variable (en los EEUU, sólo el 12%), de modo que habrá revisiones anuales de los intereses. Desde enero pasado, así pues, las cargas reales para millones de propietarios de vivienda españoles se han más que doblado. La morosidad y el volumen de impagados se disparan, lo que pone en aprietos, además de a la banca mediana, a las cajas de ahorros, las cuales, confiadas en una ventajosa evolución de los precios inmobiliarios, facilitaron créditos hipotecarios sin preguntar por la liquidez de sus deudores.
Apenas si puede sorprender que el número de permisos de construcción haya bajado desde enero en un 40%. Más de un millón de pisos y casas están vacíos, aparentemente invendibles o inalquilables, lo que representa un 4% de toda la vivienda en España. En varias zonas de un emporio del boom como fue Cataluña, más de la mitad de los inmuebles están a la venta, de modo que los precios de las casas, más que caer, se desploman. De promedio, el propietario de vivienda español tiene ahora una deuda de 140.000 euros.
Se está en puertas de un difícil, por no decir accidentado, aterrizaje de un sector de la construcción que había llegado a significar el 18% del PIB y que empleaba al 13% de la población activa. Cuando se haga balance a finales de 2008, dicen los expertos, se habrán perdido 85.000 empleos. Beneficiarios del auge de una década como los agentes autónomos de la propiedad inmobiliaria se sienten también gravemente amenazados: en 2007 tuvieron que echar el cierre 700 agencias inmobiliarias, y este año el número será sin duda mayor.
No es casualidad que la cifra oficial de desempleo, con un 10,5%, sea la mayor de la UE. Para 2009, algunos pronósticos llegan a dar incluso la cifra del 13%, lo que significaría 3 millones de españoles sin puesto de trabajo, un resultado que golpeará, sobre todo, a los 600.000 inmigrantes norteafricanos, que serán los primeros despedidos.
En marzo pasado, el gobierno Zapatero, dirigido por los socialistas españoles del PSOE, consiguió, aun si con apretado margen, imponerse en las elecciones parlamentarias y mantenerse en el poder. La crisis era perceptible, aun cuando todavía no figuraba en las estadísticas oficiales. Entre tanto, el jefe de gabinete se ha visto forzado a un programa de coyuntura. El Estado va a poner 60 mil millones de euros, y por lo pronto 20 mil millones para un programa de urgencia en 14 puntos que ha de servir preferentemente para la construcción de vivienda social: hasta ahora, la mayor inyección pública coyuntural de la UE. Se diría que, a diferencia de los dogmáticos ojizarcos de la bancada del gobierno berlinés, los españoles han comprendido al menos las urgencias del momento.
Michael Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO , es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam e investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss